Es de madrugada. Creo que terriblemente tarde. Otra noche sin dormir, y haciendo nada. Apenas pasando algo de tiempo frente al ordenador.
Desde luego, mi cabeza marcha a mil, como siempre. A veces siento la tentación de sentarme solamente a forjar en la mente aquellos episodios que me contarían como absoluto y único creador, a tejer universos, paisajes, personajes y situaciones hechos a mi medida exacta... y dedicarme a vivir en aquellos sueños.
Escribir puede ser una excelente manera de dejar plasmadas esas historias, e incluso llega a ser, para algunos, una manera de vivir; cuando ellas han hecho su paso por algún sello editorial. No soy, sin embargo, lo suficientemente talentoso como para eso, y mis tristes intentos jamás han salido de las pobres y emborronadas páginas originales.
A veces pienso que aquellos que se han atrevido (o han logrado) llevar a cabo esta idea de vivir en su universo personal son aquellos a los que llamamos "locos". Ellos son exactamente aquellos (y aquello) que desean ser; sin que tengan la menor importancia el entorno, los demás, las estructuras ni la realidad convencional. El resto del mundo jamás cruza las cerradas fronteras de sus mentes.
Esas cabezas parecen cajas fuertes, que encierran el tesoro invaluable de la existencia deseada, de la personalidad, las experiencias y el universo que ellos han elegido habitar, como dueños absolutos y todopoderosos, ya que se trata del que ellos, cuales dioses inmortales, han creado para sí mismos. Una frase que me encanta, de cosecha del Colorete, es la que afirma que “la verdad es sólo para aquellos que carecen de imaginación”. La verdad que sostienen los otros no tiene porqué ser la nuestra. La verdad de nuestra historia, de nuestro pasado, no tiene porqué ser aquella que sigue servilmente los acontecimientos biográficos. El pasado es una ilusión, un espejismo… ya no está. ¿Por qué habríamos de optar por esa única versión que rememoramos continuamente, en lugar de hacerlo por el pasado que seamos capaces de construir?¿Qué nos impide recrearnos? ¿Qué nos impide ser dueños de nuestra historia? Es perfectamente posible regresar al origen y reconstruir desde allí. Reconstruir cada situación, cada experiencia, cada vínculo, cada anécdota, cada recuerdo por insignificante que parezca. |
Es perfectamente posible volvernos aquél que debimos ser, que merecimos ser desde que vimos la luz primera. Es perfectamente posible mutar todo aquello que conservamos con tanto celo, llamándolo “recuerdo” y
sustituirlo, sencillamente, por aquello que en verdad merece ocupar ése lugar en nuestro pensamiento y consideración.
Si la vida fuese perfecta, estaría transcurriendo ahora la más maravillosa historia de amor jamás contada, y yo sería Javier, o David, o Sergio, o todos ellos al mismo tiempo. Imagino que es esa, exactamente, la perfección que alcanza un “loco”. El es, genuinamente, y a pleno derecho, todo aquél que desea ser. Y lo es de una manera tan acabada y perfecta que no hay nadie, ni entre los reputados “cuerdos”, que cuestione sus derechos. Aquellos que se consideran a sí mismos “sanos” le temen, pero al mismo tiempo, se cuidan de atenderlo, protegerlo, abrigarlo y proporcionarle un sustento. Los “sanos”, de esta forma, son en realidad sus siervos. Nada necesita hacer para consolidar el poder que ejerce sobre ellos. |
Suena, entonces, perfectamente razonable que muchos de los grandes genios de la humanidad hayan concluido sus días entre las nubes impenetrables de la locura. Mentes extraordinarias que, en su momento, han alcanzado a cruzar aquél último umbral hacia la creación perfecta, que consiste en crear (y habitar) el Universo todo. |
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