sábado, 2 de julio de 2011

Matthew Stradling








Matthew Stradling nació al sudoeste de Inglaterra, y es uno de los pintores británicos más destacados por la perfección de sus desnudos masculinos.
Muchas son las definiciones y calificativos que se han aplicado a los cuadros de Matthew Stradling. Sensualidad, lujuria, delicadeza, naturalismo, voluptuosidad, magia, ambigüedad, clasicismo, glamur, languidez, atracción, hedonismo… Todos ellos y muchos otros posibles no hacen sino reafirmar la complejidad de una visión pictórica que trasciende lo contemplativo, para ahondar en la expresión de atributos humanos, tales como la libertad, la sexualidad o la diversidad, utilizando el cuerpo masculino como objeto de deseo y emblema a un mismo tiempo.
A principios de los ochenta comienza a tomar contacto con las técnicas pictóricas de los viejos maestros, que inspirarán desde entonces toda su obra posterior. Tras concluir su formación artística, Stradling fue becado para estudiar un máster de Artes Plásticas en la Universidad de Reading y también obtiene en 1990 una bolsa de estudios que le permite viajar a Roma y Madrid. Entre sus éxitos más recientes cabría destacar que en el año 2001 fue elegido por Sothebys como representante inglés para la Young Artist International Touring Exhibition, donde obtuvo un enorme éxito de público y crítica.

 
 
 
 
 
Stradling conoce bien la pintura renacentista y barroca, incluida la española, y utiliza el manierismo como técnica para realzar sus pinturas. De esta forma, sus desnudos sugieren goces visuales y apetencias táctiles que, pese a la época en que han sido creadas y a su visión decididamente contemporánea, entroncan con la tradición de los grandes pintores clásicos de todos los tiempos.



Sus pinturas expresan la sublimación idealizada del desnudo masculino. Sus obras celebran la sensualidad de un cuerpo viril, atractivo, lujurioso, de carnación limpia y transparente, en escorzo, por lo común arropado en telas de raso y terciopelo, o exaltado mediante símbolos hagiográficos, como alas o aureolas, y rodeado de objetos extraídos del mar, conchas y caracolas… Muchos de los modelos de Stradling gravitan entre océanos de perlas –elemento simbólico de evocaciones seminales- ajenos a su propia cotidianeidad, en un universo cargado de intenso homoerotismo.



En definitiva, es fácil dejarse atrapar por la pintura de Matthew Stradling, aunque a veces uno no sepa precisar la causa de esta fascinación. Lo que está claro es el uso inteligente que hace de las técnicas clasicistas, desde una visión siempre contemporánea, ‘queer’, muy personal, que convierte sus cuadros en objetos únicos e irrepetibles… En verdaderas obras de arte al alcance de todos.


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